jueves, 28 de enero de 2021

 Dejemos la bobada! Carlos Holmes era un ser humano y como tal, merecía estar vivo, como también los otros 51 mil compatriotas que murieron de la misma enfermedad. Pero ningún otro tenía las responsabilidades sobre la vida de los compatriotas, ni ningún otro de las víctimas del COVID fue tan mezquino y criminal. CHT tuvo en sus manos las decisiones que pudieron salvar vidas, pero optó por otro camino. En su imborrable historia quedarán para siempre, el bombardeo a los niños en el Caquetá, y la muerte de 36 niños a manos de operaciones militares en todo el país. La desaparición de los niños sobrevivientes, en manos de las autoridades con la intervención de las fuerzas de orden público. La inexplicable muerte del voluntario de la ONU, acusado por la inteligencia militar de ser el sapo que difundió la información del bombardeo a niños. La muerte de los niños de Cali y de los jóvenes de Samaniego, que no merecieron su atención. Las masacres en todo el país, tan parecidas al exterminio posterior a otros procesos de paz, de los que siempre se lavó las manos. La incapacidad para hacer presencia en favor de los habitantes en los territorios, en donde el control lo ejercen los grupos ilegales. La demencial obsesión con las fumigaciones con glifosato. La pérdida de armas y municiones de los cantones del ejército. El crecimiento exponencial de grupos criminales en territorios clave para la restitución de la paz y la subordinación de las FFAA a esos grupos. La incapacidad para garantizar la defensa de los colombianos, desde su ministerio. La violación de niñas por parte de efectivos de las fuerzas armadas. La arrogancia frente a las familias de las víctimas de la policía, en momentos en que su deber era disculparse. Los asesinatos de los líderes sociales, de los líderes ambientales, de la oposición política. No, no fue un héroe de la patria. Ni siquiera un buen ciudadano. Ninguno de los cargos de su larga vida pública, estuvo exento de acciones en contra de los ciudadanos. Pero entre más alto el cargo, más brutal su efecto sobre los ciudadanos. No, no fue un hombre probo, ni un colombiano ejemplar. Fue un criminal socialmente aceptado.

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